En Montalbán y Rodríguez creemos que la verdadera innovación no empieza en el laboratorio, sino en la vida de las personas. En cómo una idea es capaz de mejorar un barrio, un parque, una plaza. Por eso, cuando el CSIC y el Ayuntamiento de Catarroja nos propusieron colaborar en un proyecto pionero para dar una segunda vida a los lodos generados por la DANA, vimos algo más que un reto técnico:
vimos la oportunidad de demostrar que la sostenibilidad también se construye desde lo cotidiano, desde aquello que tocamos y pisamos cada día.
Hoy podemos compartir un primer hito que nos llena de orgullo:
Ya hemos fabricado las primeras piezas: Adoquines, Banco Taray, Asiento Oval y Jardinera Alta Taray, empleando un material reciclado procedente de estos lodos.
Un paso que simboliza un nuevo comienzo: convertir lo que dañó a nuestros municipios en elementos que vuelven a construirlos.
El proceso: de un residuo complejo a una pieza urbana
Detrás de cada pieza hay meses de trabajo técnico, investigación compartida y un objetivo común: demostrar que un residuo de origen crítico puede transformarse en un recurso válido para la ciudad.
1. Ensayos y caracterización del material
El proyecto arrancó con la investigación del CSIC, centrada en analizar en profundidad la composición y el comportamiento de los lodos. Estudiar su estabilidad, sus riesgos y sus posibilidades como árido reciclado fue esencial para establecer un punto de partida sólido.
2. Desarrollo de la formulación del material reciclado
Con esa base científica, nuestro equipo técnico trabajó mano a mano con los investigadores para diseñar una mezcla segura, resistente y técnicamente viable, incorporando un porcentaje óptimo de material transformado.
Una formulación que pasó por sucesivos ajustes, validaciones y ensayos en laboratorio, hasta alcanzar el comportamiento esperado.
3. Fabricación en nuestra planta de Las Torres de Cotillas (Murcia)
El siguiente paso fue trasladar esa investigación al entorno industrial real.
En nuestras instalaciones de prefabricados de hormigón en Las Torres de Cotillas (Murcia) fabricamos los primeros prototipos de Adoquines y Mobiliario urbano con este nuevo material.
Un hito que demuestra que la idea no solo se trabaja en laboratorio, sino que también se pone a prueba en planta, con nuestras tecnologías y procesos habituales.
Más que producir piezas, dimos forma tangible a una idea que hasta ahora solo existía sobre el papel.
Prototipos que simbolizan una nueva manera de mirar los residuos
Los primeros elementos fabricados representan mucho más que un logro técnico. Son la prueba física de que un residuo procedente de un episodio climático extremo puede integrarse nuevamente en la ciudad como un recurso útil.
Su valor no reside únicamente en su función, sino en aquello que simbolizan:
- Un compromiso decidido con la circularidad.
- Un mensaje de resiliencia compartida.
- La evidencia de que la innovación puede traducirse en un impacto social real.
Pero estos prototipos no solo hablan de materiales: hablan de colaboración. Este proyecto ejemplifica cómo la unión entre centros de investigación, administraciones y empresas puede generar soluciones visibles, comprensibles y transformadoras para la ciudadanía. La mirada conjunta nos ha permitido avanzar hacia un modelo urbano donde los residuos no se desechan, sino que se reintegran como parte de un ciclo más consciente y responsable.
Lo verdaderamente poderoso de este trabajo no es el material en sí, sino el mensaje que transmite. Que los lodos de la DANA puedan convertirse en elementos destinados al espacio público es una metáfora nítida de recuperación, adaptación y revalorización.
Un primer paso hacia una ciudad más circular
Los Adoquines, el Banco Taray, el Asiento Oval y la Jardinera Alta Taray son solo el comienzo.
Estas piezas constituyen la primera evidencia tangible de un proyecto de investigación que avanza con paso firme. Aún queda camino por recorrer en la fase de análisis y validación del material, pero estos prototipos ya demuestran que la idea no solo es viable, sino que posee un enorme potencial para convertirse en una solución real y aplicable en la ciudad.
En Montalbán y Rodríguez seguiremos trabajando junto a nuestros colaboradores para que, en un futuro, estos elementos no solo sean prototipos, sino parte de los espacios públicos que habitamos.
Porque creemos que la innovación, cuando se pone al servicio de las personas, puede transformar no solo los materiales, sino también la manera en que construimos nuestras ciudades.



