Hay tecnologías que utilizamos todos los días sin saber que existen.
Caminamos sobre determinados materiales, utilizamos objetos que incorporan soluciones que desconocemos y habitamos espacios en los que se están aplicando tecnologías pensadas para mejorar nuestro entorno. Y, en la mayoría de los casos, no nos detenemos a preguntarnos qué hay detrás.
No es extraño. Vivimos en una sociedad cada vez más tecnológica y resulta imposible conocer el funcionamiento de todo aquello que nos rodea.
Pero quizá sí deberíamos mantener algo: la curiosidad por entenderlo.
Porque cuando hablamos de innovación, no basta con incorporar nuevas tecnologías. También es importante que, como sociedad, aprendamos a comprenderlas, a cuestionarlas y a valorar qué aportan realmente.
La tecnología también forma parte de nuestras ciudades
La ciudad es uno de los lugares donde esta reflexión adquiere más sentido.
Cada día incorporamos nuevas soluciones para responder a problemas que también son nuevos o que, sencillamente, hemos aprendido a mirar de otra manera: la calidad del aire, el consumo de recursos, el calor urbano, la gestión del agua, la accesibilidad, la movilidad o la necesidad de crear espacios más saludables.
Muchas de esas soluciones no son especialmente visibles.
No tienen por qué llamar nuestra atención ni cambiar radicalmente el aspecto de una calle.
A veces, la innovación puede encontrarse en algo tan cotidiano como un pavimento.
Es el caso de la fotocatálisis, una tecnología que utiliza la luz para activar un material fotocatalítico y favorecer determinados procesos de transformación de contaminantes.
Un concepto técnico que, llevado al espacio urbano, puede formar parte de elementos que utilizamos todos los días.
En Montalbán y Rodríguez trabajamos con Ecopavements, un tratamiento superficial fotocatalítico aplicable a nuestros pavimentos prefabricados de hormigón.
Pero más allá de la solución concreta, lo que nos interesa es la reflexión que plantea.
¿Tenemos que entender todo lo que utilizamos?
Probablemente no.
Pero sí creemos que deberíamos intentar comprender aquello que puede influir en la forma en la que vivimos y construimos nuestro entorno.
La innovación no debería convertirse en una palabra que aceptamos sin más.
Que algo sea nuevo no significa necesariamente que sea mejor. Y que una tecnología sea compleja tampoco significa que sea útil en cualquier contexto.
Por eso, incorporar innovación implica también hacerse preguntas.
Preguntar qué problema queremos resolver.
Entender cómo funciona una solución.
Conocer sus límites.
Valorar sus resultados.
Y decidir dónde tiene sentido aplicarla.
Esto no es responsabilidad únicamente de quienes desarrollan tecnología, de las empresas o de las administraciones.
También tiene que ver con nosotros como ciudadanos.
Porque las ciudades no son únicamente infraestructuras, edificios y materiales. Son espacios que utilizamos, que transformamos y sobre los que tomamos decisiones, directa o indirectamente, cada día.
Una ciudadanía que entiende también decide mejor
Quizá uno de los grandes retos de la innovación actual no sea únicamente desarrollar nuevas tecnologías.
Sea hacerlas comprensibles.
Explicar qué hacen, pero también qué no hacen. Hablar de sus posibilidades, pero también de sus limitaciones. Facilitar que las personas puedan formarse una opinión y participar en conversaciones que, en muchas ocasiones, terminan afectando a los espacios en los que viven.
Porque cuanto más presente está la tecnología en nuestra vida cotidiana, más importante resulta que no se convierta en algo ajeno o incomprensible.
La ciudad del futuro no debería ser simplemente una ciudad más tecnológica.
Debería ser una ciudad en la que entendamos mejor por qué incorporamos cada solución y qué queremos conseguir con ella.
La innovación que casi no vemos
Hay algo especialmente interesante en soluciones como la fotocatálisis.
No necesariamente cambia aquello que vemos.
Un pavimento puede seguir pareciendo simplemente un pavimento. Una superficie urbana puede mantener su aspecto y su función habitual mientras incorpora una prestación adicional.
Y quizá esta sea una buena metáfora de cómo está evolucionando la innovación.
No siempre se trata de crear algo completamente nuevo.
A veces consiste en mirar de otra manera aquello que ya existe y preguntarnos qué más puede aportar.
Desde Montalbán y Rodríguez nos interesa esa forma de entender la innovación: como una herramienta para responder mejor a las necesidades de las personas y de los espacios que habitamos.
Pero también como una invitación a detenernos.
A mirar.
A preguntar.
A entender.
Porque construir mejores ciudades no depende únicamente de disponer de mejores tecnologías.
También depende de que, como sociedad, seamos capaces de comprenderlas y utilizarlas con criterio.